Historia del CBD

Historia del CBD

LA HISTORIA DEL CBD ¿CUÁNDO SE DESCUBRIÓ?

Los seres humanos llevamos miles de años utilizando el Cannabis de forma industrial para hacer textiles, lienzos, papeles y de forma medicinal también. Hasta el siglo XIX el Cannabis se cultivaba regularmente y hasta se podían encontrar extractos en las farmacias de varias ciudades de Europa.

La campaña de prohibición, liderada por el gobierno de los Estados Unidos desde los años 30, bloqueó los avances y usos del Cannabis por intereses políticas y sociales de carácter racista (principalmente para poder justificar una lucha contra la comunidad negra y, más tarde, el movimiento hippie) y por intereses económicas (exportación de algodón y nylon).

El gobierno de EEUU empezó entonces a invertir en estudiar la planta para poder afirmar sus propiedades peligrosas, consiguiendo demostrar lo opuesto. Así hallaron un alto valor terapéutico y una de peligrosidad muy baja en la planta del Cannabis.

No obstante las evidencias científicas y sin ninguna justificación plausible, desde 1961 (Convención única de 1961) el Cannabis está clasificado como sustancia de máximo riesgo y sin ningún valor terapéutico.

En este marco legal era casi imposible poder investigar la planta del Cannabis tanto en Estados Unidos como en Europa, pero en los años 60 en Jerusalén un investigador, Raphael Mechoulam aisló y sintetizó las estructuras del THC y el CBD.

A raíz de este descubrimiento empezaron diferentes investigaciones sobre las propiedades terapéuticas de los cannabinoides, lo que llevó en los años 90 a descubrir que los cuerpos humanos y animales poseen unos receptores específicos para cannabinoides y que además producen unos cannabinoides propios.

PERO ENTONCES ¿POR QUÉ AHORA SE HABLA TANTO DEL CBD?

En los últimos 20 años la investigación ha ido aumentando, pero casi exclusivamente a través de estudios de laboratorio in vitro e in vivo sobre moléculas aisladas, mientras que los estudios en humanos se han concentrado sobretodo en casos de enfermedades terminales y como tratamiento paliativo (en particular utilizando THC).

El CBD empezó a tomar un rol importante gracias al descubrimiento de sus propiedades relajantes y antiespasmódicas, lo que llevó a patentar el Sativex, un medicamento a base de THC y CBD recetado por algunos síntomas de la Esclerosis Múltiple.

Pero lo que ha cambiado radicalmente la visión sobre el Cannabis y ha impulsado los centenares de estudios que existen sobre CBD es la historia de Charlotte Figi, una niña estadounidense que desde los pocos meses de edad padeció el Síndrome de Dravet, una rara forma de epilepsia infantil intensa y frecuente que resiste a los tratamientos farmacológicos y causa hasta 400 crisis semanales y la muerte en pocos años.

Ante la falta de respuesta a los fármacos y con Charlotte casi totalmente incapacitada, su familia decidió suministrarle de forma ingerida aceite de Cannabis de CBD y el resultado fue impensable: las crisis se redujeron hasta 3 o 4 por mes sin necesidad de tomar ninguna medicación más y la niña empezó a caminar, alimentarse por sí sola y a desarrollar sus funciones cognitivas. En los últimos años Charlotte logró vivir totalmente libre de crisis pero lamentablemente falleció en Abril 2020 por consecuencias de una neumonía a la edad de 13 años.

La historia de Charlotte ha provocado un aumento exponencial en la investigación sobre el CBD que ha llevado a descubrir, además de las propiedades antiepilépticas y antiespasmódicas, su efecto ansiolítico, antiinflamatorio, analgésico y neuroprotector.

La cumbre llegó durante el Comité Experto en Drogodependencia en 2017 en el cual la OMS ha declarado que el Cannabidiol (CBD),  no es “ni adictivo ni nocivo para la salud” y que cuenta con un gran potencial terapéutico y medicinal, recomendando a las Naciones Unidas una reclasificación de la planta del Cannabis y una consecuente regularización por parte de cada estado.